28/11/11
Ciclo de Seminarios - HISTORIA, POLÍTICA Y SOCIEDAD ABIGARRADA
19/10/11
Ciclo de Seminarios - COSMOVISIÓN ANDINA

En el marco de las actividades culturales patrocinadas por el grupo CENTAURO.SUCRE y con el apoyo de la Casa de la Libertad, presentamos el seminario “Cosmovisión Andina” que dictará el Dr. Fernando Huanacuni, filósofo, experto en la temática.
El seminario se llevará a cabo los días viernes 4 de noviembre a hrs. 19 y sábado 5 de noviembre a hrs. 10 y a hrs. 19 (tres sesiones) en la Casa de la Libertad.
El costo como siempre es de 40Bs
Los invitamos a apoyarnos en este nuevo emprendimiento académico.
__________________________
Sesión 1:
La ritualidad andina y sus significados. Visiones desde perspectivas: andinas y amazónicas.
Sesión 2:
El ayllu como entidad generadora de contextos sociales. La noción corporativa y la propiedad.
Sesión 3:
La mecánica del vivir bien. La lógica del don y el contradón. La mita, el ayni y la minka como mecanismos de inclusión social.
18/8/11
Lofstrom explica movilidad colonial
Sucre/CORREO DEL SUR |
15/8/11
Dictarán seminario sobre mestizaje y movilidad
Sucre/CORREO DEL SUR |
10/8/11
Ciclo de Seminarios - MESTIZAJE Y MOVILIDAD SOCIAL EN CHARCAS

- Sesión 1: Movilidad Ascendente
- Sesión 2: Movilidad Mixta Socio Étnica
- Sesión 3: Movilidad Descendente
21/6/11
Seminario Pablo Quisbert - Notas de prensa

11/6/11
Seminario de Pablo Quisbert culmina con lleno total en Casa de la Libertad
Sucre/CORREO DEL SUR |
9/6/11
El historiador Pablo Quisbert habla sobre preconceptos del colonialismo
Sucre/CORREO DEL SUR |
7/6/11
Preparan conferencias sobre la colonia

Sucre/CORREO DEL SUR |
Nota: www.correodelsur.com/2011/0607/22.php
Foto: Archivo/www.minedu.gob.bo
1/6/11
Ciclo de Seminarios - HISTORIA COLONIAL Y COLONIALISMO

1/5/11
Seminario Mario Yapu - Imágenes
26/4/11
Mario Yapu habla de transformación del Estado en seminario de Centauro

Sucre/CORREO DEL SUR |
Nota: http://correodelsur.com/2011/0426/22.php
Fotos: Archivo/www.lostiempos.com
14/4/11
Ciclo de Seminarios - TRANSFORMACIÓN DEL ESTADO: Discursos y prácticas de discriminación en Bolivia

29/3/11
Canichanas y Jesuitas
Contexto de Mojos
El origen de los antiguos habitantes de Mojos es un misterio que posiblemente nunca se logre dilucidar. En este sentido, se ha conseguido establecer que existíó una gran cantidad de grupos dispersos por toda la sabana mojeña. De estos, se ha determinado que los Mojo y Baure pertenecen al grupo étnico – lingüístico Arawak, en cambio otros pueblos como Mobima, Canichana o Cayubaba se encuentran como no clasificados[1].
En otros estudios se determina que la lengua Mobima es aislada,
De acuerdo a Denevan, las influencias culturales prehistóricas son fundamentalmente amazónicas con contribuciones Arawak y otras llegadas desde el norte y el este[3]. En función a las reducciones jesuitas, los más importantes de este conjunto de pueblos son los Cayubabas, Mobimas, Mojos, Canichanas, Itonamas y Baures, aunque la cantidad de pueblos es mucho mayor, entre estos encontramos a los Exirumas, Tapacuras, Guarayos, Bolepas, Hericeboconos, Rotoxoños, Pechuyos, Coriciaras, Mequez, Mures, Sapis, Cañacures, Otoronos, Chumanos, Mayacamas, Tíboris, Mayras, Noris, Pacabaras, Lacanabos, Sinabos, Cayzaras, Cabinas”[4].
Los jesuitas a su llegada al territorio mojeño, se encontraron con una gran dispersión de grupos autónomos o semi autónomos de vida itinerantes. En este sentido la fundación de las reducciones fue un proceso de aprendizaje que duró bastante tiempo, baste decir que desde el ingreso definitivo del hermano Castillo en junio de 1675 hasta la fundación de la primera reducción, Nuestra Señora de Loreto en los primeros meses de 1682, transcurrieron 7 años.
El pueblo Canichana
La referencia específica de Deneván sobre los Canichana es bastante escueta, simplemente nos dice que eran una pequeña tribu ubicada en el lado este del Mamoré sobre el curso alto del Machupo. Añade que eran belicosos y que por esta característica fueron temidos por sus vecinos[5].
Plaza y Carvajal amplían esta información señalando que su habitat era la orilla del Mamoré y la cabecera del Machupo y que tenían unos 70 poblados protegidos con trincheras y fosos, con entre 4.000 y 5.000 habitantes. De acuerdo a información tomada principalmente de Metraux, señalan que la familia lingüística es independiente[6]. Lo cual corrobora Mario Montaño añadiendo argumentos propios.
El primer jesuita que da cuenta de su existencia es el Hno. Castillo que se refiere a ellos como los Canesíes, y los hace dueños de un gran territorio. Supuestamente caníbales, D´Orbigny señala que cuando él visitó la región encontró serios temores de parte de los Itonamas y Cayubabas sobre sus agresivos vecinos. Pero durante la época jesuítica es considerada gente “robusta y animosa” con una “valiente y cristiana obediencia”, lo que parece mostrar que una vez reducidos cambian sus costumbres.
Las referencias coinciden al señalar que su organización social era local, y que solamente se confederaban bajo un mando único en caso de guerra. Las familias eran patriarcales, en las que la mujer cumplía actividades domésticas, en cambio el varón se dedicaba principalmente a la caza y la pesca, posiblemente tenían una incipiente agricultura y más bien estarían dentro del esquema de los pueblos recolectores.
Hábiles fabricantes de arcos, flechas y lanzas, también construían canoas de 12 a15 metros de largo. De acuerdo a D’Orbigny eran de regular estatura, 1.77 mts. los varones y 1.55 mts. las mujeres. De constitución robusta y aspecto feroz, no tienen semejanzas faciales con las características de sus vecinos y si más bien cierto parecido con los Tobas[7].
Ingreso al sistema reduccional
Existen tres versiones respecto a la forma en que los Canichanas ingresan en el mundo reduccional, es posible que los tres relatos que presentamos hayan coexistido por la formación grupal autónoma de su organización. Si podemos hacer un balance de estas crónicas, vemos que en todas está presente la esencia del pueblo Canichana; su espíritu guerrero[8].
Los pueblos con los que se encuentran en guerra al momento del contacto con los españoles son los Mopesianas y Eriseboconos, ambos de lengua moja, a quienes vencen de manera reiterada. Los misioneros cuentan que los Canichanas son los únicos que se presentan en orden para una batalla y que mantienen escuadras a lo largo de ella.
Si hay un elemento común entre las tres versiones es la situación de guerra en que viven constantemente. En dos de las crónicas hay una relación de confrontación con la reducción de San Javier, establecida por los Jesuitas y en dos se presenta cómo una característica única la costumbre de dejar colgados los intestinos de los vencidos como muestra de ferocidad y amenaza a sus enemigos, aspectos que marcan el estado de inquietud constante en el que se desarrolla la vida diaria de los pueblos vecinos de los Canichanas.
La versión de Beingolea
En una extensa crónica fechada tentativamente en 1764 y que erróneamente se la ha venido adjudicando al Gobernador de Santa Cruz Dn. Alonso Verdugo[9], el Padre Juan de Beingoléa, quien ingresó a Mojos en 1735 permaneciendo durante toda su estadía en la misión de San Pedro, y que desde 1760 fue Superior de
Posiblemente toda la información que nos da Beingoléa la haya conseguido en el archivo de San Pedro, lugar donde él residía. Lamentablemente todo este archivo se perdió en un incendio ocurrido poco antes de la conclusión de la época colonial. Beingoléa cuenta que los Canichanas atacaron la reducción de San Javier, dejando entrever que no era la primera vez que lo hacían. En esta oportunidad habiendo matado a mucho reducidos, señala que colgaron sus intestinos en los árboles y otros lugares donde quedaron a la vista, como al parecer era su costumbre.
Estos acontecimientos causaron gran malestar en la reducción, pues incluso se corría el riesgo de una atomización del conjunto, por el creciente temor de los reducidos y la evidente vulnerabilidad del poblado.
Ante esta situación se convino organizar un asalto a la aldea Canichana para cautivar a algunos enemigos a fin de darles un trato humano y de esta manera mostrar la posibilidad de concertar una tregua y crear un clima de paz.
Así pues una vez armada la expedición al mando de un español, quien posiblemente era Lorenzo Legarda, lograron tomar algunos rehenes que fueron conducidos a Loreto, donde recibieron buen trato de parte de los padres y reducidos en aquella misión. Beingoléa cuenta que los Canichanas fueron agasajados, de casa en casa, y que cada familia daba nuestras de aprecio y cariño, además de regalos no sólo para ellos sino para que llevasen de regreso a su comunidad.
Una vez que los padres consideraron que las muestras de amistad y los regalos fueron suficientes, los devolvieron a su pueblo. Tuvieron especial cuidado en mandar muchos obsequios al Capitán Chaagua, quien gozaba de gran estimación entre su gente.
Una ves en territorio Canichana y contra toda lógica los prisioneros dieron cuenta del buen trato recibido lo que de acuerdo a la lógica de reciprocidad[10] significaba una deuda que adquirían y que debía ser devuelta. Este hecho habría roto el esquema del ser y la forma de vida del pueblo que consideró la posibilidad de recibir una visita de los padres. Estos llegaron con más obsequios y después de dar claras muestras de paz, invitaron a los Canichanas a visitar la misión de San Javier, para que puedan ver por si mismos la vida reduccional.
Chaagua aceptó la invitación con reservas, ya que había causado reiterados daños a aquella población, por este motivo se encaminó a San Javier con una escuadra de canoas bien armadas, una vez que estuvieron frente a San Javier desplegaron sus fuerzas como solían hacer para entrar en combate, lo cual hizo que la gente del pueblo huyese al monte dejando la reducción casi vacía, con lo padres y algunos pocos acompañantes.
El capitán Chaagua dividió sus fuerzas en tres cuerpos: uno quedó resguardando las canoas, para asegurar la retirada, el segundo dejó en mitad del camino entre puerto y pueblo con la orden de proteger al tercero que es el que entró a San Javier. Allí fueron recibidos con muestras de cariño y abundante comida, lo que originó que una vez que se hubiesen saciado, cambiaran de lugar las tropas y así entrasen los otros dos cuerpos a San Javier para recibir las mismas atenciones.
Según la crónica de Beingoléa este fue el inicio para que los Canichanas asumieran una actitud de amistad con los Jesuitas de San Javier y esto dio pie para que se formara la nueva reducción de San Pedro de Canichanas[11].
La versión de Eguiluz
Diego de Eguiluz nació en Arequipa en 1625, estudió en
Bastante más escueto, Diego Eguiluz, dice que el Padre Agustín Zapata[13], fue el primero que se contactó con los Canichanas. De acuerdo a esta crónica, se cuenta que cada cierto tiempo, una o dos veces al año, Zapata salía de San Javier acompañado de un grupo de neófitos con el fin de tomar contacto con nuevos pueblos de infieles para de esta manera invitarlos a la reducción. Así es como en 1693, salió río abajo, donde a 24 leguas de camino hizo el primer contacto con los Canichanas, quienes acababan de sostener una de sus habituales guerras, señala que habiendo vencido a sus enemigos dejaron los intestinos de los muertos expuestos en los árboles cercanos al río.
Zapata pudo visitar 48 aldeas y supo que en total eran 72 pueblos en los que había entre 3 y 5 mil almas. Se dice que tomaron mucho interés en la doctrina cristiana que el misionero les transmitió.
Eguiluz señala que tiempo después, el mismo Zapata volvió a tomar contacto con los Canichanas, y que para sorpresa suya encontró un pueblo construido al estilo reduccional y el pedido formal de los Canichanas para que les lavasen la cabeza:
“... se encontraron impensadamente con una hermosisima pampa con toda la nación de los Canichanas que dexando sus tierras se auvian unido serca para hacer un pueblo grande y obligar con esto a los misioneros a que fuesen a labarles la cabeza, término con que explican el sacramento del bautismo.[14]”
Al parecer en aquel momento no había misioneros disponibles en Mojos por lo que los Canichanas tuvieron que esperar dos años, la nueva misión se llamó San Pedro, fue fundada en 1697 y allí fueron destinados los padres Arlet y Legarda
La versión de Iraizos
Juan Manuel Iraizós, era cochabambino, estudió en el noviciado de Lima y fue ordenado sacerdote hacia 1754. Estuvo en la reducción de San Francisco Javier desde 1764 hasta la expulsión[15], falleció en Roma. El texto que presentamos a continuación fue transmitido oralmente al Abate Lorenzo Herbas y Panduro en aquella ciudad o en Ferrara, no existen más datos al respecto.
Esta versión parte como la de Beingoléa, de la característica guerrera del pueblo Canichana, pues cuenta que estaban en constante guerra con los Mopesianas de lengua Moja, quienes según se señala eran para los Canichanas “víctimas y manjar”. Ante tal situación los Mopesianas decidieron aceptar la invitación que Zapata había hecho sus jefes para que visiten la reducción de San Javier. Los Mopesianas aceptaron con agrado la invitación, porque veían en ella la posibilidad de escapar a los constantes ataques que sufrían de parte de los Canichanas.
“Vieron que los habitantes del pueblo vivían con quietud y seguridad, por este motivo, los Mopesianas aceptaron integrarse a la reducción”. En estas circunstancias se presentó un Mopesiana fugitivo, que había sido hecho cautivo por los Canichanas y que había logrado escapar de la jaula de engorde donde estos tenían a los prisioneros en calidad de ganado humano.
Se cuenta que Zapata, con un grupo de neófitos decidió ingresar en territorio Canichana y una vez allí y por medio de intérpretes ofreció una importante oferta de rescate por los 12 cautivos. Los Canichanas viendo que no tenía límite en su ofrecimiento preguntaron si él también pensaba comérselos, pero los neófitos respondieron:
“Que el Padre quería hacer a todos los hombres felices y que enseñaba la ley de un dios bueno, que quería que todos los hombres, aunque no fueran parientes, se tratarán como hermanos y que ninguno hiciera mal a otro”[16].
La versión de Iraizós concluye señalando que este hecho produjo la curiosidad de los Canichana, que una vez enterados de plan jesuítico, decidieron integrarse al sistema reduccional.
Canichanas reducidos
De las crónicas o informes de los jesuitas que trabajaron en San Pedro desde su fundación en 1697 hasta la expulsión en 1767, se pueden sacar una serie de datos respecto a las características del pueblo, la relación con el entorno y los logros conseguidos, sin embargo nos remitiremos a un par de hechos notables que marcan con claridad estos aspectos.
Hacia fines del XVII nos encontramos con San Pedro consolidado y con el sistema reduccional en etapa de expansión, periodo que va a tener continuidad hasta 1752, que es cuando comienza el ciclo decreciente que concluye en 1767 con la expulsión[17].
Marbán en 1700, en las “Breves Noticias…” señala que San Pedro de Canichanas es un pueblo ubicado a 14 leguas río abajo de San Javier, dice que cuenta con una capilla capaz y con 1.300 almas, aunque señala que en breve se espera un notable incremento[18].
En la crónica de Altamirano, de 1713, encontramos una relación numérica del estado de las misiones. Vemos allí que San Pedro cuenta con 1.900 bautizados y 926 catecúmenos, por lo que su población suma 2.826 almas, por tanto está a la par de otras reducciones más antiguas como San Ignacio que tiene 1.505 bautizados y 1.328 catecúmenos o Loreto que cuenta con 2.000 bautizados y 923 catecúmenos[19].
En 1720 San Pedro cuenta con 2.716 bautizados, de los cuales 900 son catecúmenos, es decir evangelizadores nativos[20]. Comparando con otras reducciones, es la que mayor cantidad de bautizados tiene y después de San Martín la que cuenta con mayor cantidad de evangelizadores. En 1736 cuenta con 1.550 bautizados y es sólo superada por Concepción en este aspecto, aunque supera a este pueblo y al resto en la cantidad de gente con la que cuenta: 3294 personas[21].
Conquista de Baures
En 1702 Barace, desde Trinidad, ingresa a territorio de Baures con la idea de conquistar ese pueblo. La región que había sido descubierta unos años antes era considerada de las más civilizadas de todo Mojos. Se decía que a diferencia del resto de los pueblos, allí las mujeres andaban vestidas, que sus aldeas eran limpias, que contaban además con algún tipo de organización política y que tenían un sistema defensivo organizado.
Ante el éxito de su primer viaje Barace ingresa nuevamente, pero a instancias de un chamán, con quien se enemista, es muerto, lo cual ocasiona una gran confusión en todo Mojos por el cariño que le tenían. A fin de no involucrar a los reducidos, pero no dejando impune la agresión, se llamó al Gobernador de Santa Cruz, Benito de Rivera, quien envió un fuerte grupo de soldados que junto a otro de guerreros nativos entró a Baures y castigó a los culpables.
“...Los soldados hicieron cristianamente su deber, por que poniendo en la horca a uno u otro de los agresores y apresando a pocos, dejaron escarmentados a los demás y quieta la tierra...[22]”.
Para los misioneros era importante mantener el control de la situación, una rebelión podía significar el fin de todo el proyecto ya que si conseguía expandirse no tardaría en llegar a todos los pueblos. Por ese motivo era necesario castigar con dureza[23]. Además, cualquier rebelión podía desencadenar venganzas entre cristianos y paganos y afectar a la paz de la región.
Por otra parte, el no castigar un asesinato daba la posibilidad de que los padres pudiesen ser muertos en cualquier momento, con todo, la forma de castigo era cruel, se ahorcaba a los culpables y se sacaba algunos cientos de “piezas” que servían de paga a los soldados del destacamento.
Después de estos hechos Lorenzo Legarda ingresa a Baures, desde la misión de San Pedro y al mando de un grupo de Canichanas reducidos, tratando de encontrar nuevas posibilidades. El grupo va armado pero también lleva regalos. En el camino se enfrentan a los Itonamas que todavía no estaban dentro del régimen reduccional. A su llegada a Baures son bien recibidos pero cuando se encuentran en medio del territorio, son atacados logrando salir de allí gracias a la ventaja que les daba la caballería, a pesar de todo logran sacar una persona en calidad de rehén[24].
Tiempo después Antonio Orellana, Superior de las Misiones de Mojos, hace otro intento, esta vez decide ir sólo con 20 Canichanas a caballo y el Baure que Legarda había tomado como rehén, y que ya había sido instruido en San Pedro y que ahora servía de intérprete[25].
Aquí la conquista se vuelve pacífica, Orellana ingresa hasta el pueblo en que Legarda había sido atacado. Después de mantener los primeros contactos y de explicar el evangelio, ingresan otros tres misioneros con todo lo necesario para fundar tres pueblos. Además son acompañados por un pequeño grupo armado y otro de músicos y artesanos. Aunque en algún momento Orellana es atacado, logra controlar la situación y se restablece el orden[26].
Esta era una de las formas usadas para el ingreso a grandes territorios poblados por pueblos hostiles, las expediciones se componían de tres cuerpos; el primero armado y formado por reducidos de la misión de donde salía la expedición, portaban sus arcos y flechas con las cuales eran muy diestros, iban a caballo o a pie y su número era variable de acuerdo a la necesidad.
El segundo cuerpo estaba compuesto por el sacerdote, los traductores que eran evangelizadores nativos que entendían la lengua del pueblo al cual se dirigían y junto con ellos iban los músicos y el coro, conformado por un grupo de personas que interpretaban música barroca y nativa con instrumentos autóctonos y europeos como violines y otros que acompañaban al coro que cantaba canciones en lenguas nativas y en latín.
El tercer grupo de expedición estaba formado por diversidad de gente del pueblo, entre hombres y mujeres, cada uno llevaba una cantidad de maíz, de arroz o de otros alimentos, de frutas y flores, otros llevaban consigo un animal que podía ser una vaca, un toro, un caballo o una mula, todo esto para obsequiar al pueblo al cual se dirigían.
Mucho tenía que ver la predisposición encontrada en el nuevo pueblo, así como el momento con relación al riesgo que asumía el conjunto reduccional. Cada nueva conquista significaba un esfuerzo que era compartido por todo el conjunto. A veces se contaba con la tranquilidad necesaria para tomar el nuevo grupo de manera paulatina, cuando esto no era suficiente se recurría al rapto temporal. Este método siempre dio buenos resultados.
El ingreso a Baures muestra un conjunto de aspectos y de circunstancias que a partir de la muerte de Barace se van desarrollando: ¿los Baure van ganando en conciencia y por eso aceptan las reducciones? ¿Se ven superados bélicamente y no tiene más remedio que someterse? No conocemos documentos que aclaren esto pero es posible que haya habido algo de las dos cosas. Lo importante para nosotros es destacar que el caso de la conquista de Baures, los Canichanas ocupan un rol central, pues a excepción de las entradas de Barace, hechas desde el sur, el resto de la conquista parte de San Pedro y tiene a los Canichanas como actores de primera línea.
La muerte del P. Espinoza
En 1709 ocurre otro acontecimiento central dentro de la historia de Mojos y tiene nuevamente a los Canichanas como sus principales protagonistas. Resulta que de acuerdo a Altamirano, en 1708 se inicia la misión de San Lorenzo con gente del pueblo Mobima. Su fundador fue el P. Baltazar de Espinoza, pero al parecer también participó el P. Lorenzo Legarda.
San Lorenzo nunca llegó a estabilizarse por las reiteradas salidas de los indígenas que abandonaban el pueblo, lo cual obligaba a Espinoza a salir en su búsqueda para con regalos y buenos tratos convencerlos a retornar a la reducción. En este tránsito, ocurrió que a inicios de aquel año, Espinoza eligió algunas personas como autoridades para conformar una estructura política al estilo de las misiones más antiguas y según lo establecido en la vista de Altamirano de 1700.
Se cuenta que uno de los elegidos como autoridad, no dejó de practicar sus ritos ancestrales lo que ocasionó una amonestación de parte del cura. Los Mobimas respondieron abandonando el pueblo. Espinoza entonces salió tras los rebeldes, caminó tres días por el monte, al cabo de los cuales los halló reunidos en 5 pueblos, en sus antiguos parajes. En junio de 1709 murió a atravesado por las flechas Mobimas[27].
Hacia 1695 el pueblo Moytusi ubicado en las estribaciones andinas del sud oeste de San Ignacio y que estaba a cargo de los misioneros Dominicos, se reveló expulsando a los sacerdotes, este hecho propagó el malestar en la región y originó que los Jesuitas de San Ignacio fueran echados del pueblo. Mas tarde esto ocasionó la consolidación de los jesuitas en la zona ante el restablecimiento del orden por las tropas cruceñas y el abandono de la región por parte de Dominicos y Franciscanos[28].
La segunda vez que recurrieron a este auxilio fue cuando el P. Cipriano Barace fue muerto en su intento de evangelizar a los pueblos Baure. Como en el caso anterior este hecho significaba una desestabilización del sistema reduccional, lo cual ponía en peligro el conjunto.
Con estos antecedentes, en 1709
Este hecho originó un sentimiento de confianza en los Mobimas, que sabiéndose temidos se disponían a atacar otras reducciones y contagiar este clima de rebelión a otros pueblos, sin embargo los Canichanas de la misión de San Pedro, decidieron ir al encuentro de los Mobimas y vengar la muerte de Espinoza. Los Canichanas vencieron a los Mobimas y capturaron a un grupo de ellos, los llevaron a San Pedro, a donde acudieron los soldados a comprar “piezas”[30]. Estos hechos desembocarían más tarde en la fundación del pueblo de Santa Ana con gente Mobima.
Lorenzo Legarda
Aunque en las crónicas aparece el padre Zapata como precursor de la evangelización de los Canichanas, en Beingoléa parece ser Legarda quien con un grupo de neófitos ingresa a territorio Canichana a tomar prisioneros, en Eguiluz se le reconoce el mérito de ser el formador del pueblo y en los hechos que suceden a la muerte de Espinoza aparece como el conductor del pueblo Canichana.
De este singular Jesuita sabemos bastante poco, en 1692 estaba en S. Francisco Javier y desde allí se traslado en 1697 para fundar San Pedro. Habría participado en la fundación de San Lorenzo en 1708 y luego vuelto a San Pedro donde se encontraba en 1716[31].
Pero a más de ello, su compañero, Stanislao Arlet, dice de él: “es herrero, constructor, maestro de obra, artista y otras muchas miles de cosas[32]”. Entre otras particularidades se pondera mucho su fortaleza física, su habilidad con la espada, y su genio guerrero[33].
En este punto, y una vez reunidos los Canichanas en San Pedro, se dice que era suficiente que este concertara el trabajo con el Capitán Chaagua para que transmitiera la orden a la gente, que a su vez la cumplía con prontitud. Sin embargo y como es natural, no todo fue amable y pacífico, sino que en ocasiones Legarda tuvo que hacer uso de sus dotes de guerrero para sofocar levantamientos y rebeliones ocasionadas por grupos de descontentos. Es posible pensar que justamente el genio guerrero de Legarda fue capaz de contener al pueblo Canichana y llevarlo a la evangelización[34].
Una de esas anécdotas señala que un grupo de Canichanas ya cansados de la vida en reducción y cargando sus flechas se dirigen a la vivienda de Legarda resueltos a flecharlo, este enterado de lo que sucedía los espera en la plaza y les increpa a que sean capaces de matarlo en público. Ante tal resolución los conspirados se retiran[35].
La guerra con Portugal
El conjunto reduccional tuvo su primer gran golpe en la estación lluviosa de 1750 – 1751 que inundó San Javier y Loreto, afectó San Ignacio, contaminó las aguas, destruyó las cosechas y ocasionó hambre y enfermedad sobre todo en San José, San Miguel y Santa Rosa[36].
Pero eso no fue todo, pues los conflictos entre las coronas de España y Portugal hicieron eco en la frontera americana. Los jesuitas controlaban todo un extenso territorio que iba desde los llanos venezolanos hasta las pampas argentinas, al frente estaban los bandeirantes, empresarios portugueses interesados en conseguir mano de obra barata para sus actividades comerciales[37].
Esto provocó el ingreso de tres expediciones militares desde Charcas, con la misión de contener el avance de los portugueses. Estos grupos ingresados en 1760, 1763 y 1766, se instalaron en zonas cercanas a las reducciones del sector de Baures que de acuerdo a los decretos debían alimentar y apoyar las expediciones militares y los aspectos logísticos.
Esto afectó de gran manera la vida reduccional pues en términos económicos significaba una erogación de alimentos que llegó a mermar considerablemente las reservas de grano y ganado con que contaban las reducciones.
También alteró la producción pues muchos indígenas eran usados como remeros o constructores que debían trabajar para los acantonados. Finalmente socavó la base moral, pues los militares siendo cristianos antiguos no guardaban las normas de vida y compostura que estaban obligados a contemplar los reducidos, lo cual ocasionó más de un reclamo o explicación de parte de estos.
San Pedro Canichanas a parte de aportar víveres como todas las otras reducciones, tuvo que acoger a las tropas de retaguardia y atender a los soldados enfermos que no podían ir al frente[38]. Pero también los Canichanas estuvieron presentes en la guerra misma en atención a sus habilidades para la guerra y la conducción de canoas, aspecto este último, que compartían con los Cayubabas[39].
San Pedro
Beingoléa define a los Canichanas de San Pedro como “los mejores cristianos que tiene las reducciones[40]”, y señala que el P. Nicolás de Vargas fue quien logró poner racionalidad y política en este pueblo estableciendo la más importante de las reducciones de Mojos durante la época jesuítica. Vargas, fue Superior de Mojos de
San Pedro fue la reserva de la zona, pues contaba con una serie de fábricas cuya sobreproducción se guardaba para abastecer a las misiones menos exitosas. Entre los aspectos más destacables están: la fundición de campanas, la producción de azúcar, además contaban con la mejor flota de canoas para transporte hacia Santa Cruz[41]. Por otra parte, la arquitectura, al parecer, logró su máxima expresión en la misión de San Pedro: “El enorme templo construido en San Pedro en 1740 remató los logros de la arquitectura jesuítica[42]”.
El pueblo de San Pedro fue la capital del territorio y la sede del superior de
A partir de la salida de los Jesuitas, Roca señala tres etapas: 1767-1784 en la que las misiones quedan a cargo de los curas diocesanos, regida por el obispo de Santa Cruz, Francisco de Herboso. 1785-1825 caracterizada por la legislación de Lázaro de Ribera y la secuencia de una serie de Gobernadores y 1825-1842 que va desde la creación de
Cada una de estas etapas estuvo marcada por una serie de dificultades. En la primera hay una evidente disputa entre el gobernador, Antonio Aymerich y los curas doctrineros, en la que son frecuentes las acusaciones por abusos en contra de estos últimos. Estas disputas hacen que los pueblos se vean rápidamente afectados.
En 1782, Antolín Peralta da cuenta acerca del estado de las misiones, hace referencia al creciente comercio no sólo por Santa Cruz sino también por Sorata y Apolo. Respecto a los pueblos señala: “Por lo que he visto y me han contado solos dos pueblos están en auge, que son
Es necesario hacer una revisión exhaustiva de la documentación de esta época para emitir un juicio contundente. Lo que se puede determinar en primera instancia es que las acusaciones entre curas y autoridades laicas adquieren tonos bastante duros y llegan a extremos difícilmente creíbles, tal el caso del Cura Medina de San Martín, quien es acusado formalmente por el Baltasar Enaicovo de prostituir a las mujeres. Por tal motivo dice que todos han abandonado el pueblo y que sólo entran de noche a escondidas para buscar lo necesario[45].
En contraposición a estas graves acusaciones Medina escribe una carta en la que señala que algunos indios venden a sus mujeres públicamente, que en las borracheras las mujeres “fornican con todos los hombres” y que por haber cortado esas prácticas sufre persecuciones y el rechazo general. Concluye diciendo: “Prefiero la soledad de mi claustro que estos desiertos”[46].
Lázaro de Ribera busca cortar este panorama instituyendo administradores financieros y limitando el poder de los curas solamente a temas espirituales. Esto conlleva una serie de conflictos ya que si los reducidos estaban acostumbrados a obedecer a la autoridad religiosa, aún cuando los curas doctrineros en general inspiraban escasa confianza. Esto hace que el plan de Ribera cuente con la resistencia de ambos grupos, religiosos y naturales que veían en el primer caso reducidos sus privilegios y en el segundo, sometidos a un poder para ellos desconocido.
Estos cambios implementados los justifica haciendo referencia a los abusos y atropellos que cometen los curas en las misiones y concluyendo:
“La infeliz provincia de Mojos está entregada a todo género de vicios, y que es imposible pueda subsistir largo tiempo sufriendo tantas calamidades y tormentos”[47].
Ribera viaja a España en 1794 y lo sucede en el cargo Miguel Zamora y Treviño, quien mantiene una agria disputa con el clero, lo cual concluye en 1801, la excomunión y salida de esta autoridad del territorio mojeño. En estos hechos el gobernador va a contar con la protección de Juan Maraza, Cacique de San Pedro de Canichanas.
Alvarez de Sotomayor, sucesor de Zamora, no pudo restablecer la armonía, en 1805 se inicia el gobierno de Urquijo con las mismas características. Chávez cuenta que Urquijo tiene bastante resistencia de parte de los indios, y que para ganar amistad, distingue a Maraza, nombrándolo cacique vitalicio[48]. Posiblemente esto ayuda a que Maraza tome mucho poder. En este contexto, Block cuenta que Andrés Urquieta, funcionario de
Pedro Ignacio Muiba
De acuerdo al relato de Carvalho, Pedro Ignacio Muiba, fue un importante Cacique Mojo, del pueblo de Trinidad. Aparece ya en 1804 como un agitador, preso y luego liberado, delega el cacicazgo a su medio hermano Gregorio González, sin embargo mantiene el peso moral sobre su pueblo[50].
En el levantamiento de 1810, los trinitarios se niegan a tripular las canoas de Urquijo, los hechos, de acuerdo a la investigación de Carvalho se sucedieron de esta manera:
9 de noviembre: Maraza es acusado como traidor
10 de noviembre: Urquijo se refugia en la iglesia
11 de noviembre: José Bopi, cacique de Loreto apoya la rebelión
12 de noviembre: Los caciques Maraza y Noe liberan a Urquijo.
Esto ocasiona que los pueblos de Mojos tengan un corto periodo de relativa autonomía en el que los caciques locales toman mucho poder y fuerza, este periodo corre del 12 de noviembre de 1810 al 16 de enero de 1811, fecha en la que Urquijo con refuerzos al mando de Lucas Gonzáles y con el apoyo de los caciques Maraza y Noe a la cabeza de los pueblos Baure, Itonama, Canichana, Mobima y Cayubaba, atacan Trinidad.
Nuevamente Carvalho nos ofrece una cronología:
El 14 de enero las tropas llegan a la estancia San Gregorio, en las afueras de Trinidad 15 de enero, entran en Trinidad con el siguiente saldo. Muertos: 27 varones adultos, 5 mujeres adultas, 33 párvulos. Heridos: 45 varones, 5 mujeres. De acuerdo a lo señalado “la iglesia queda cubierta de sangre”[51].
Muiba es capturado en la estancia el Carmen y muere a manos de los Canichanas camino a San Pedro, donde su cadáver es expuesto públicamente. Bopi es encarcelado y la rebelión queda desarticulada.
Si bien es importante destacar la actitud visionaria de Muiba, en Maraza y en los pueblos del norte en general (Canichanas, Itonamas, Cayubabas, Mobimas, Baure), al parecer pesa más la relación con la iglesia, herencia jesuítica.
El 6 de octubre de 1810 el cacique de Trinidad, Gregorio González, envía una nota a Maraza en los siguientes términos:
“Mi cacique Juan Maraza, mi taita, te avisaré ahora luego, Nstro. Rey, y ya murió en Francia, ya mataro y Boinaparte está de palacio donde estaba nuestro Rey Espaina ya está perdido, ya todo de los franceses, ya hace tres años no viene correo de Espaina, y están engañando a nosotros que ya está bueno y mentira todo, el Virey de Buenos Ayres ya echaro para fuera y otro Virrey de Lima también está preso echaron también. Y la audiencia nuevo presidente Nieto está preso con grillo, con que ahora no hay audiencia, todo está con querra, está muy malo... y asi no lo crea Taita cuando diga, el Rey ya no hay, ya murió, estamo pobre y así taita estamo malo, mucho engañan los españoles, parece taitahay guerra con nosotros , pero nosotro estamos pronto con tus hijos trinitarios, como hermanos, y así no triste taita, avisa a sus hijos caniciazas para que sepan todos ellos… ya te aviso todo, soy tu compañero, te quiero mucho y te estimo” firma Gregorio Gonzáles.[52]
Es posible que Maraza no haya recibido esta carta, pero lo más probable es que aún teniéndola haya preferido seguir al “Padre Gobernador”[53] que es como los Canichanas llaman a Urquijo.
El lento fin de San Pedro
Es lógico pensar que a partir de este momento se produce una facturación de la sociedad mojeña que sale de estos hechos, enfrentada y confusa. Por otra parte los poderes locales se asientan y particularmente el prestigio de Maraza. Esta situación llega a molestar al gobierno colonial que nombra gobernador a Velasco, quien con muy poco criterio mata de un disparo a Maraza, en la plaza de San Pedro[54].
La reacción de los Canichanas es inmediata, el gobernador, junto a los curas del pueblo y otras autoridades se refugian en el almacén real, que es incendiado, Velasco sale escapando de las llamas y es muerto por el pueblo enfurecido.
Luego ingresa Aguilera quien pone más empeño en el saqueo que en pacificar la región. San Pedro se traslada al lugar que ocupa actualmente y en 1824 ingresa a Mojos el ejército español que castiga a los asesinos de la autoridad colonial.
Sin embargo San Pedro va a continuar ocupando un lugar preferente dentro de los pueblos de la región. El primer cambio que se da en
Bajo este nuevo orden, en 1831 se reconoce a San Pedro como la capital de la provincia de Mojos, la cual está compuesta por 13 pueblos divididos en 4 partidos: Mamoré, Pampas, Baures e Itonamas[56].
En las evaluación hechas en 1843, 49 y 54 sobre la cantidad de oficios y artesanos existentes en cada uno de los pueblos del naciente departamento del Beni, San Pedro cuenta en el año 43 con 116 artesanos especialistas divididos en 7 oficios en la que destaca la tejeduría y la curtiduría. En 1849 los oficios se diversifican llegando a 10, pero el número de especialistas cae considerablemente, pues sólo suman 55 siendo los más importantes los Tejeros y los fundidores que se mantienen desde el anterior censo con 9 especialistas. En 1854 la situación no cambia pues los números y cantidades se mantienen igual[57].
Comparando estas cantidades y números con los de otros pueblos del Beni, no se encuentra una diferencia notable, más bien se evidencia una paridad entre los ahora pueblos benianos.
A manera de cierre
Si podemos hacer un breve balance de lo presentado aquí, deberemos entender estos hechos en relación con la mecánica de vida y los referentes culturales de los pueblos de selva, así como con los referentes sociales y culturales europeos, propios del siglo XVII.
Como señala Radcliffe-Brown, la finalidad del don es moral, y por tanto produce un sentimiento de amistad y compromiso entre dos partes. El valor principal del Don es lo simbólico[58]. En este sentido la relación Canichanas – Jesuitas nos muestra un juego de relaciones que van desde lo simbólico hasta lo comercial en un entramado en el que los curas aprovechan la mecánica de vida de los pueblos de Mojos, que a su vez van asumiendo la religión de Cristo.
Desde esta perspectiva la mecánica de evangelización propuesta por los Jesuitas compromete a los pueblos porque les otorga no sólo regalos que a parte del interés por lo desconocido conllevan una utilidad práctica, sino también un nivel de relación diferente en la que prima la convivencia pacífica entre iguales, dejando las expresiones de violencia para con los pueblos rebeldes. Esto origina un acercamiento entre pueblos que es reforzado por los jesuitas a partir de medidas prácticas como los matrimonios interétnicos[59].
¿Cómo van interactuando reciprocidad y poder? Es un tema que requiere un estudio largo, aquí simplemente diremos que así como hubieron elementos de reciprocidad marcados en este caso por hechos concretos como el que los Canichanas ingresen al sistema reduccional: Correspondencia de trato amigable y que se hace extensivo a los antiguos enemigos hoy “aliados” de los jesuitas. Compromiso en el proyecto misional, por cuanto forman una reducción que fue el ejemplo y el orgullo del sistema misional jesuítico de Mojos, apoyo en la evangelización de los pueblos Baures y en otras conquistas pacificas y violentas.
Pero también hay una relación de poder que se manifiesta en diversos niveles: Asumen el castigo inflingido a los Mobimas por la muerte de Espinoza, a tal punto que no solamente los vencen en batalla sino que los venden como esclavos a los propios soldados.
En términos generales en la misión hay una división entre familia y pueblo[60] que significa una estratificación social, una normalización del tiempo y una división del trabajo, que junto a la formación de la familia monogámica y otros temas, violentan la vida itinerante que tenían estos pueblos.
Sin embargo, si ponemos estos elementos en un contexto histórico renacentista, con evidentes resabios medioevales, con fuerte presión religiosa, con estratificaciones sociales marcadas, con ausencia de valor por la vida en cuanto tal, sino válida en cuanto manifestación de un status político – religioso, podremos entender que la actuación de los Jesuitas fue parte de esa lógica.
Luego vinieron los desajustes derivados de la implementación de un modelo de estado al estilo borbónico, para el cual los mojeños no estaban preparados; falta de capacidad administrativa, escasa moralidad de parte de los sacerdotes diocesanos y un poder político atomizado por las distancias y los intereses particulares. Estos elementos hacen que el contexto se vaya desajustando, provocando desfases que llevan a rupturas internas que terminan con el pueblo de San Pedro y con la disgregación de los Canichana que en más y junto a los otros pueblos originarios del Beni, fueron presa, ya en la república, de los industriales de la cascarilla y de la goma, de los hacendados, de los ganaderos y de los políticos…, hasta el día de hoy.
Montaño señala que los Canichanas ocupan actualmente la posición establecida por los 13 y 14 grados de latitud sur y 67 y 68 de longitud oeste de París, con un territorio delimitado por las ruinas de San Pedro y sus alrededores hasta un radio de
[1] Denavan, 78-79
[2] Plaza y Carvajal, 67,77, 137,155
[3] Denevan, 54
[4] D Cosme Bueno,5907, (Descripción del Perú) Archivo de la historia de Madrid, f.7v
[5] Dénevan, 92
[6] Plaza y Carvajal, 65-67. En 1780 San Pedro tenía 1860 habitantes, en 1797 el número sube a 2544 y baja considerablemente hacia 1831 con sólo 1939. En 1974 quedan 500 Canichanas
[7] Montaño, 287-303. Hace un estudio con información de campo recogida por el autor
[8] Gantier, Bernardo: Lo que en Mojos conocen como “geño” es el conjunto de sentimientos, imaginación y coexistencia con el entorno que posee un pueblo y que lo distingue de los demás
[9] Mojos, seis relaciones, 163-166
[10] Temple, 26. “Las cosas se devuelven por que participan del alma de quien las da”
[11] Mojos, 176-179
[12] DHB, 728,729
[13] Mojos, 59. Existen pocos datos acerca del P. Zapata, se sabe que fundó San Javier posiblemente con el P. Montenegro
[14] Equiluz, Relación de la misión apostólica, 32-35
[15] DHB, 1096
[16] Hervas y Panduro, Madrid. 1800. vol. 1 252, 253
[17] Barnadas, Breve descripción de las misiones de Mojos. Introducción pp.XLIII-XLVI
[18] Mojos, seis relaciones, 61
[19] Mojos, seis relaciones, 76
[20] Catalogus, 1720
[21] Catalogus, 1736
[22] Altamirano, 106
[23] Marbán, 1676, 147
[24] Altamirano, 109, 110
[25] Altamirano, 111
[26] Altamirano, 113-117
[27] Altamirano, 167-174. Incluye una relación de la vida del P.Espinoza
[28] Block, 76-78
[29] Mojos, seis relaciones, 183
[30] Mojos, seis relaciones, 184
[31] Altamirano, 109
[32] Arlet, Carta a Emanuele Boyé, 1698
[33] Mojos, seis relaciones, 176
[34] Mojos, seis relaciones, 179
[35] Mojos, seis relaciones, 179
[36] Block, 84,85
[37] Block, 85
[38] Block, 89-91. Hace un valioso resumen de estos hechos
[39] Palacios, Exploraciones. 87,88. Valora la habilidad de los Canichanas para la conducción de canoas
[40] Mojos, seis relaciones, 180
[41] Ponce, Pascual. Carta a Pedro Mirones.1756
[42] Block, 82
[43] Roca, 324
[44] Peralta, 3
[45] Enaicovo, 23v-25v
[46] Medina, 7-8v
[47] Ribera, 4v
[48] Chavéz, 477
[49] Block, 188,189
[50] Carvalho, 24,25
[51] Carvalho, 38-40
[52] GRM Mojos, vol.18. N° 430-434. (tomado de Carvalho) 49,50
[53] Carvalho, 31
[54] Block, 181-190. Muestra una valiosa relación cronológica de estos hechos
[55] Poder legislativo, PL3
[56] Carrasco, 27
[57] Tribunal de cuentas
[58] Temple, 28, 29
[59] Eder,
[60] Block,144-147
[61] Montaño, 293
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